lunes, 23 de abril de 2018

Sigo con mi objetivo.

Desde que decidí hacerme una operación bariátrica me he dejado hacer todo tipo de pruebas, no hay más remedio. La más difícil ha sido la gastroscopia, pero he podido superarla. Al principio parecía que no, pero luego vas tomando control de tu respiración, de tu miedo, de tu cuerpo, ... y pasa.

Me han tomado muestras para analizar, porque la doctora ha visto unas erosiones gástricas. Muy raro, le dije, porque a mí me ha dolido todo menos el estómago. En fin, que lo analicen.

Eso sí, para esta operación te hacen pruebas de todo, por lo que, al menos, sabré cómo estoy realmente.

Lo peor de todo son las listas de espera. Todas las pruebas (análisis de sangre, ecografías, nutricionista, psiquiatra, ...) han ido muy rápidas, pero la gastroscopia ¡ha tardado nueve meses! Y ahora me encuentro que la cita con el endocrino está llena hasta julio, que llame a final de mes a ver si han abierto la agenda de julio. Ufffff!!!!

Bueno, tranquilidad.

Yo, mientras, intento ser feliz. Lloro mucho, ahí anda en mí esa depresión, pero ahí estoy yo haciéndole frente. Espero que no se haga muy largo esto de ponerse a llorar a la mínima, porque vamos, es que no me pueden dar el pésame ni nada. Y me sabe mal por la persona que tengo enfrente, pero juro que no lo puedo evitar.

Seguiré contando. De momento, esto es todo.



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